Nuestra mentalidad y cómo enmarcamos las cosas marcan una gran diferencia sobre cómo experimentamos la vida.
“Cuando no somos capaces de
cambiar la situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”
“La última de las libertades
humanas es elegir la actitud de uno ante cualquier circunstancia”.
La mentalidad lo es todo. En la
mayoría de situaciones nosotros somos los que decidimos recuperar el control.
Podemos decidir y moldear deliberadamente nuestra forma de pensar teniendo en
mente la persona que queremos llegar a ser.
Sin embargo, enmarcar las cosas
de manera positiva puede ser un gran desafío. Es nuestra propia elección cómo
interpretamos la situación, cómo la enfocamos, donde dirigimos nuestra
atención.
Centrándonos en la crianza de los
hijos. Como padres, es muy fácil sentirnos víctimas, porque la paternidad es
intrínsecamente desafiante y abrumadora, y nos hacemos preguntas cómo ¿Por qué
es tan difícil? ¿Por qué nadie se preocupa por mis necesidades?
Además, no importa el dinero que
tenga uno, lo afortunado que sea o lo maravillosa que pueda parecer la vida de
uno, porque puede seguir viéndose como una víctima, y de ahí las altas tasas de
depresión y ansiedad, particularmente entre las comunidades más prósperas.
Esto es así porque las
circunstancias externas no necesariamente se relacionan directamente con la
experiencia interna de una persona.
Pongamos un ejemplo, pensemos en
dos personas que han sido víctimas de un acontecimiento terrible, y pese a que
ambas son conscientes de ese suceso y de su gravedad, una se siente víctima y
la otra no, una está paralizada y ansiosa por eso, está reviviendo su trauma y
sintiendo como si el mundo le fuera a quitar algo, como si no estuviera a
salvo, como si no pudiera confiar en los demás, y la otra no, la otra llora el
suceso y atraviesa un verdadero proceso de duelo, pero supera el dolor y se
fortalece a partir de él, incluso aprende algo con ello o sobre cómo puede
ayudar a otros que han pasado por la misma situación.
¿Cómo pueden dos personas que han
pasado por la misma experiencia traumática sentirse de manera tan diferente?
El proceso de madurar, de crecer,
pasa por hacerse responsable de nuestra mentalidad. Es el proceso de decidir,
de elegir cómo interpretamos la situación, de en qué elegimos enfocarnos, de
cómo entendemos esa situación.
Nosotros podemos elegir no
permanecer en una mentalidad victimizada, podemos elegir empoderarnos y dominar
nuestra mentalidad.
Entonces, ¿Qué mentalidades
pueden ayudarnos a cambiar las cosas cuando nos sentimos estancados,
frustrados, heridos, etc.?
Si tienes pensamientos que te
atormentan del tipo “y si me equivoco”, “y si no puedo hacer esto” o “es
demasiado difícil” o “estoy roto” o “soy demasiado sensible”. Tienes que
empezar a creer en tu capacidad para cambiar, porque si realmente quieres
hacerlo, puedes amplificar algunas de tus facetas y minimizar otras.
Por ejemplo, la sensibilidad, a
través del pensamiento y el esfuerzo deliberado se puede moldear y utilizar
como una herramienta que sea útil, pero no anule o abrume. Porque cuando eres
sensible, está genial ser empática con otras personas, percibir cómo se sienten
los demás, pero también eres más vulnerable a las energías negativas, a las
críticas, y tu resistencia ante los desafíos se puede ver fácilmente
influenciada por la presión. Esto es así porque si te preocupas en exceso por
cómo te perciben los demás, por si ofendiste a alguien o si ellos te
ofendieron, o en qué está pensando esa persona y por qué se ha comportado
contigo así, eso puede ser paralizante y contraproducente.
Debemos empezar a pensar en cómo
interpretamos las cosas, comenzar a poner un orden claro y límites al caos de
nuestra mente, que simplemente huye del miedo, de la incertidumbre, etc.
Decirnos a nosotros mismos
“Quiero ser el tipo de persona que piensa de una manera optimista, realista,
quiero pensar como un vencedor, como una persona que no se ofende fácilmente,
una persona que no sea sencillo derrumbar”.
Porque cuando cambias la forma en
que miras las cosas, las cosas que miras cambian. De modo que incluso las
circunstancias más horribles pueden integrarse en nuestras mentes de manera que
podamos realmente darles sentido y estar motivado para actuar sobre ellas de
una manera mucho más saludable que si no las pasamos por esos filtros.
Y es que, en cualquier situación
dada, podemos elegir la forma en la que pensamos al respecto y la forma en la
que podemos crecer.
Tenemos que responder en vez de
reaccionar. Es mucho más fácil poner el peso de las consecuencias sobre los
demás, es decir, culpar a tu hijo, a tu marido, etc., y probablemente, lo
harías con razón, pero lo cierto es que siempre habrá cosas que estén fuera de
nuestro control y, por tanto, que no podamos arreglar, cosas que nos llevarán a
sentirnos impotentes. Ahora bien, lo que si vamos a poder hacer es desarrollar una
mente fuerte, capaz de manejar el miedo y la ansiedad, a acabar con las
pesadillas.
En definitiva, no se puede
cambiar la realidad en el exterior, pero sí reforzar nuestra forma de pensar,
dotándonos de los recursos para navegar mejor en nuestro viaje. Podemos
controlar nuestro propio enfoque, nuestras interpretaciones y actitudes,
podemos desarrollar la capacidad de procesar adecuadamente la información y
controlar nuestra respuesta a la misma, saliendo del drama y avanzando hacia la
coherencia y la comunicación, orientándonos hacia la solución, en lugar de
hacia el problema.

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